CALIBRE POLITICO | COLUMNA

CONSECUENCIAS. Alejandro Domínguez finalmente rompió el silencio. Tardó unos días, pero el dirigente estatal del PRI llegó a Parral para ponerle nombre al elefante que todos veían en la sala. Dijo que en política no existen las casualidades, que las reuniones no son producto del azar y que toda decisión tiene consecuencias. Curioso, porque es exactamente lo que escribimos desde el primer momento en esta columna: que los encuentros fortuitos no empiezan con reuniones privadas ni terminan desayunando en la misma mesa. Al final, el propio presidente del PRI terminó validando lo que algunos se empeñaban en desmentir.
TONO. El discurso también cambió de tono. Primero fueron las negaciones. Después vinieron las explicaciones. Ahora apareció la advertencia pública. Habría que entender que, cuando Alex asegura que Dalila Villalobos y Vicencio Chávez son lo suficientemente grandecitos para hacerse responsables de sus actos, en realidad les está diciendo que el PRI no piensa cargar con el costo político de sus movimientos. Traducido a la grilla: el que quiera brincar, que brinque, pero que luego no reclame cuando le cierren la puerta.
IRONÍA. Lo más interesante es que el mismo Alejandro Domínguez llamó “camaleón” a Cruz Pérez Cuéllar por haber transitado del PAN a Movimiento Ciudadano, luego a Morena y ahora caminar de la mano del Verde. El calificativo deja en una posición todavía más incómoda a quienes hace apenas unos días compartían el desayuno con ese mismo personaje. Porque si Cruz representa todo eso que describe el dirigente estatal, ¿qué estaban haciendo la síndica y el regidor sentados a su mesa?
INCÓGNITA. La política tiene un humor bastante peculiar. El cese fulminante de Vicencio se entiende mucho mejor después de escuchar las palabras de Alex Domínguez. Si las decisiones tienen consecuencias, pareciera que la primera ya llegó. Falta ver si es la única porque queda pendiente el capítulo de Dalila Villalobos, quien insiste en que sigue siendo priista, aunque también reconoce que en política nunca puede decir “de esa agua no beberé”. Sin embargo, cuando el dirigente estatal viene a Parral a recordar públicamente que cada quien debe definir de qué lado está, las aguas dejan de verse tan tranquilas. Y en un partido donde la paciencia suele durar menos que una conferencia de prensa -en la que no estuvieron los rebeldes- nadie debería confiarse demasiado.
CONVOCATORIA. Y si alguien tenía dudas sobre el momento que vive el PRI en Parral, las fotografías hablaron más fuerte que cualquier discurso. Con todo y la presencia de Alejandro Domínguez; del delegado nacional, José Benítez; del presidente del Congreso, Memo Ramírez; y del coordinador de la bancada priista, Arturo Medina, ni siquiera hubo necesidad de abrir el auditorio principal del comité municipal, con capacidad para más de 400 personas. La reunión terminó realizándose en el salón de la planta alta, en un salón al que le cabrán unas 50 personas, y aun así quedaron decenas de sillas vacías. El conteo es frío: difícilmente se alcanzan a ver una veintena de asistentes.
REALIDAD. Lo paradójico es que el evento consistía en capacitar y entregar chalecos a los llamados “Defensores de Chihuahua”, la estrategia con la que el PRI presume estar reconstruyendo su estructura territorial y las imágenes proyectan exactamente lo contrario. Si para un acto encabezado por toda la plana mayor del priismo estatal y local, apenas logran reunir a un pequeño grupo de militantes, ¿dónde quedó aquella maquinaria que presumía movilizar cientos de seccionales con una sola convocatoria?
REALIDAD. Una cosa es intentar relanzar al partido, y otra muy distinta pretender que una reunión que no llena ni un salón mediano sea presentada como una demostración de fuerza. Las fotografías, como las encuestas, tienen la mala costumbre de no aplaudir por compromiso. ¿Y los que sueñan con ser candidatos, presumiendo giras por los municipios y por las colonias de Parral, a cuántos llevaron? ¿Y el poder de convocatoria de Julio y Paulina? ¿Y si sí? ¡Ah, no, eso es otra cosa!
ÁNIMAS. La observación de la síndica sobre el camino a Las Ánimas pone sobre la mesa un tema mucho más grande que una diferencia por cuestiones políticas. Estamos hablando de la calidad de la obra pública. Y es que si un riego de sello, cuya vida útil debería medirse en años, comienza a deshacerse en cuestión de meses, entonces el problema no es el clima ni el uso de la vialidad, sino en cómo se ejecutó, con qué materiales se hizo o quién supervisó que se hiciera correctamente.
GENEROSA. Y siendo honestos, Dalila fue generosa con los tiempos. El deterioro no empezó “a los pocos meses”, sino desde el primer día el material se desprendía con el simple paso de los vehículos. Antes de que llegaran las lluvias ya era evidente que la carpeta no estaba respondiendo como debía. El agua únicamente aceleró un desgaste que ya estaba anunciado.
REPARACIONES. Aquí no basta con decir que se harán reparaciones. La pregunta es quién responderá si una obra de más de tres millones y medio de pesos requiere intervenciones inmediatas. Porque reparar con dinero público algo que hace poco se inauguró termina convirtiendo una mala ejecución en un doble gasto para los ciudadanos.
GARANTÍA. Las constructoras no solo cobran; también asumen obligaciones. Precisamente para eso existen garantías de obra, supervisiones técnicas y estimaciones finales. Si el deterioro obedece a una mala ejecución, el costo no tendría por qué recaer nuevamente sobre el Municipio. Lo contrario sería normalizar que las obras duren menos que los boletines con los que se anuncian.
PATRÓN. Lo preocupante es que este caso no es aislado y coincide con una percepción cada vez más extendida sobre calles que se rehabilitan y vuelven a presentar fallas en muy poco tiempo, mientras el Ayuntamiento presume nuevas acciones de embellecimiento para las Jornadas Villistas. La imagen importa, sí, pero la infraestructura también. Al ciudadano le sirve de poco una ciudad bonita para la fotografía si las vialidades que utiliza todos los días empiezan a desmoronarse apenas les caen unos chubascos.
MADAFAKERS. Hay un dato que brinca más que la propia cartelera de las Jornadas Villistas. En 2025, Presidencia pagó 865 mil pesos por la presentación de Los Madafakers. Este año, el mismo grupo fue contratado por 174 mil pesos con IVA incluido. La diferencia ronda los 700 mil pesos. Y eso sí merece una explicación. Los artistas no suelen abaratar sus presentaciones de un año para otro; por el contrario, conforme pasa el tiempo ajustan sus tarifas por inflación, demanda o popularidad.
ESCANDALOSA. Entonces solo quedan unas cuantas posibilidades. O el año pasado alguien pagó muy por encima del valor real del espectáculo, o este año se consiguió una negociación extraordinaria que nadie esperaba, en cuyo caso habría que aplaudirle a quien consiguió tal descuento y nombrarlo de inmediato como director de Turismo. Cuando un mismo artista cuesta cinco veces menos apenas doce meses después, el dato deja de ser anecdótico y se convierte en un asunto que justifica revisar contratos, alcances y condiciones. Al final, más que celebrar el aparente ahorro, corresponde es preguntar por qué existe una diferencia tan escandalosa.
TRAKALOSA. ¿Quién contesta el teléfono en el que se adquieren los accesos para la Trakalosa de Monterrey?










