CALIBRE POLITICO | COLUMNA

AGENDA. – En Parral no gobierna quien planea, sino quien provoca. Basta con que alguien coloque ramas en un bache, asesore a ciudadanos para reclamar daños o exhiba una omisión en redes sociales, para que Presidencia corra, convoque, publique y justifique. Lo dijimos en la pasada entrega y con sus acciones nos dan la razón: la administración de Salvador Calderón no marca el ritmo: lo sigue. ¡Y lo sigue tarde!
REACCIÓN. – El episodio de los “arbolitos” no terminó en la avenida Zaragoza ni en el Parque del Niño. A la protesta estridente de Vicencio Chávez le siguió la movilización policial, el retiro inmediato de ramas y, casi como respuesta espejo, una campaña de reforestación con 200 especies en la Almanceña. El mensaje es claro: si te exhiben por baches, siembras árboles. Si te señalan por omisión, organizas un evento. No importa que la carpeta asfáltica siga esperando mantenimiento estructural y no maquillaje verde.
SÍNDICA. – En ese ir y venir apareció la síndica Dalila Villalobos con un programa de asesoría para que ciudadanos afectados por baches reclamen indemnización al Municipio, amparada en la constitucional local. Es, en términos prácticos, institucionalizar el reclamo contra la propia administración. Y aunque jurídicamente es correcto, es más político que bondadoso y muy fácil tomar el descontento como bandera política.
ALIANZAS. – El detalle no menor es que el propio Vicencio Chávez se sumó a la iniciativa de Dalila, habilitando su oficina para recibir quejas. El mismo regidor que sembró ramas ahora canaliza reclamaciones formales. Podrá gustar o no la forma, pero la estrategia es evidente: convertir el bache en bandera, o ya que pusimos de moda la reforestación, sembrar en terreno fértil.
BANCADA. – Como si fueran pocos los protagonistas, el coordinador de los regidores priistas, Loreto Arzola, pasó de llamar “fantoche” a su compañero, a fungir como asesor político del alcalde frente a los embates, tanto de Chávez como de la síndica. Más que líder de fracción, parece vocero oficioso de Chava, y eso dibuja una escena peculiar: el PRI dividido con unos operando a favor y otros en contra del presidente municipal.
VIALIDAD. – La misma lógica se observó con las multas masivas a trabajadores de la maquila que, durante años se han estacionado en sentido contrario en el mismo lugar donde fueron sorprendidos por elementos de Vialidad, y se cayeron eso de que las costumbres se hacen leyes hasta que Martín Chaparro, argumentando una denuncia ciudadana, aplicó el reglamento con rigor quirúrgico.
RECAUDADOR. – Después de exhibidos vino el comunicado formal: operativo, infracciones, vigilancia permanente. De nuevo, reacción inmediata, porque la prevención sigue ausente y la planeación para ordenar a los automovilistas, igual. ¿No habría sido más conveniente un aviso, no por justificar la violación al reglamento de tránsito, sino por evitar la percepción del afán recaudador y que se le revirtiera el efecto, otra vez, contra el alcalde. Ahora piden que sea parejo y hagan lo mismo en el negocio de Chava.
PATRÓN. – El patrón se repite: alguien marca la agenda y el gobierno responde. No anticipa. No corrige antes de que lo exhiban. No comunica antes de que lo cuestionen. Actúa cuando el reflector ya está encendido. Y en política, quien enciende el reflector controla la narrativa. Y ese no es el alcalde. ¡Nunca!
RIESGO. – El problema para Presidencia no es que le critiquen; es que cualquier actor, sea un regidor opositor, sea la síndica incómoda o un trabajador inconforme, puede forzarla a moverse, lo que revela la fragilidad del Gobierno Municipal que siempre vas un paso atrás.
LECCIÓN. – Si algo deja este episodio es que es sorprendentemente sencillo marcarle la agenda al Ayuntamiento. Un bache, una multa, una queja pública bastan para activar operativos, comunicados y campañas emergentes al ritmo del escándalo, entre ramas, multas y comunicados. La verdad no peca, pero incomoda.










