CALIBRE POLÍTICO | COLUMNA

APRENDIZAJE. Si el Segundo Informe pretendía vender consolidación, Alejandra Chávez Ortiz le puso enfrente una lectura bastante menos cómoda: dos años de “prueba” y una curva de aprendizaje, dijo, que costó el 80 por ciento de la estructura, o lo que es lo mismo: 51 movimientos en el gabinete de primer nivel entre septiembre de 2024 y septiembre de 2026, según los registros de Sindicatura. La regidora morenista lo tradujo en falta de liderazgo y todavía encontró dónde meter el cuchillo: señaló que la única plataforma que el gabinete de Chava Calderón parece atender con eficiencia es aquella donde varios funcionarios se registraron para buscar candidaturas del PAN en 2027.
COMUNICACIÓN. A Comunicación Social también le tocó: Alejandra concedió que ya aprendieron a redactar boletines para redes sociales – de lo que esta columna mantiene sus dudas – pero no a presumir resultados porque, según ella, simplemente no existen. Y mientras directores, regidores y funcionarios hacen fila por la candidatura a la Sindicatura, diputación y regidurías, Calderón ya piensa en reelegirse, por eso Chávez Ortiz hasta recurrió a Lolita Cortés, la jueza de hierro del reallity La Academia, para dictar sentencia: “el más desesperado es el propio Salvador” para después abandonar cualquier sutileza y pedir abiertamente a los parralenses que no vuelvan a votar por él si es que cumple lo de buscar la reelección.
RETROCESO. Pero el golpe más venenoso llegó desde el arranque del posicionamiento de la regidora: “estábamos mejor cuando estábamos peor, y eso ya es mucho decir”, un comparativo que no es poca cosa si tomamos en cuenta que utilizó como antecedente a César Peña para sostener que Chava consiguió algo que parecía complicado: hacer parecer mejor el gobierno anterior y cuestionó, por ejemplo, la obra pública de impacto después de dos años. Claro que es el balance político de una regidora de oposición y habría que medirlo contra los resultados objetivos de la administración. No es que estemos concediendo lo que sentenció la morenista, pero para Chava hay una comparación particularmente incómoda: llegó al cargo ofreciendo corregir aquello por lo que PAN y PRI despedazaron a los gobiernos emecistas, y que a estas alturas alguien pueda utilizar a Peña como punto de comparación favorable ya no es un ataque cualquiera. ¡Es exactamente el tipo de comparación que un alcalde que pretende reelegirse jamás quisiera escuchar!
AUSENCIA. Chava Calderón esperaba quizá la fotografía más importante de su Segundo Informe y terminó obteniendo precisamente la contraria. Maru Campos estuvo en Parral ese día para inaugurar la nueva Ciudad Judicial, junto con Marcela Herrera Sandoval, la magistrada presidenta del Tribunal Superior de Justicia, compartió agenda con el alcalde y hasta comió en privado con él y una decena de políticos. Su presencia en el Informe se daba por confirmada; todo parecía puesto para que la gobernadora llegara por la tarde al evento más político del día. Pero Maru regresó a Chihuahua horas antes del Informe. Puede haber mil explicaciones de agenda y la justificación de que Chava se sentó a su derecha en el privado del restaurante, pero políticamente la fotografía que no ocurrió también comunica.
CONTRASTE. Sobre todo, porque apenas cuatro días antes con Marco Bonilla, Maru no solamente se quedó a su Quinto Informe, sino que subió al escenario, lo abrazó, bailó con él y terminó levantándole la mano ante los asistentes. Eso era justamente lo que algunos en Parral soñaban repetir, aunque fuera en versión austera: una gobernadora presente significaba respaldo; una mano levantada habría valido como bendición anticipada para la reelección. No hubo ni una ni otra. Chava sí consiguió sentarse con ella unas horas antes – y con Pedro Villalobos del otro lado – pero no llevarla hasta su Informe, y las ausencias pesan mucho más cuando todos sabían que la invitada ya estaba en la ciudad. No. No significa tampoco que Maru haya vetado la reelección de Calderón —eso sería afirmar demasiado—, pero peor aún, tampoco la validó.
OFICIO. Después de dos años de una rotación de gabinete que hasta la oposición utilizó para tundirlo durante el Informe, Chava Calderón parece haber entendido que para la segunda mitad del gobierno —y particularmente para buscar la reelección— necesita algo más que funcionarios de confianza: ¡necesita operadores! La llegada de Elías Ochoa Ramírez a Acción Cívico Social no puede leerse, bajo ningún contexto, como otro movimiento administrativo. “Piwy” trae kilómetros recorridos en campañas desde los tiempos del PRI poderoso: estuvo en los equipos políticos de César Duarte durante sus campañas a diputado local, federal y gobernador, participó en distintas estructuras territoriales del tricolor y, años después, acompañó a Otto Valles cuando buscó la diputación federal por el Verde en 2018. Eso no significa atribuirle aquellas victorias, pero sí reconocerle algo que el presidente municipal parece estar buscando ahora: experiencia en tierra. Desplazar a Maleno Gutiérrez hacia el INMUDEPA después de haber pasado primero por Comunicación Social y luego por Acción Cívico Social, refleja que, al final del día, la amistad puede alcanzar para sobrevivir a un enroque, salvo cuando comienza una campaña donde la experiencia pesa más.
REFUERZOS. La incorporación de Avelina Tarín a Patrimonio parece obedecer a la misma lógica, aunque con una ventaja adicional: ella llega sin equipaje negativo. Fue regidora priista durante el gobierno de Alfredo Lozoya, pertenece a aquella generación formada políticamente en estructuras juveniles como la entonces poderosa Red Jóvenes por México y conoce el trabajo menos glamuroso pero más útil de cualquier campaña: territorio, colonias y visiteo. Y algo todavía más destacable es que, tras años dedicada principalmente a la docencia y a su actividad particular, vuelve al servicio público por invitación directa de Calderón, de modo tal que el PRI no puede presumir que sea un fichaje partidista, como tampoco puede hacerlo con el de Elías, porque ni él ni ella militan actualmente en el tricolor y no llegaron como cuota priista.
VEINTE. Hay que insistir: Avelina y Piwy son fichajes de Chava, no del PRI, y después de 51 movimientos en dos años, quizá Calderón finalmente dejó de buscar solamente quién ocupe las oficinas y comenzó a seleccionar quién pueda ayudarle a conservar la silla en 2027. Eso sí: si el nuevo criterio es privilegiar experiencia y operación política rumbo a la reelección, también termina confesando involuntariamente cuánto le faltaron ambas cosas al equipo con el que decidió arrancar su gobierno. ¿Demasiado tarde o a tiempo?
GENERACIÓN. No se trata únicamente de Avelina Tarín, sino de una generación de cuadros priistas que aprendieron política cuando el PRI todavía tenía estructura territorial real ganadora y que, después de años dispersos, comienzan a reaparecer en posiciones distintas. Algunos dentro del propio PRI; otros, paradójicamente, trabajando para un alcalde panista. Y es que aquella camada formada en la Red Jóvenes por México comienza a recuperar espacios tras el derrumbe electoral del Revolucionario Institucional. Ahí está también Edith Dorado, hoy regidora priista y cada vez menos discreta respecto a sus aspiraciones por la Sindicatura. El que haya sido la principal operadora de la visita a Parral de Enrique Rascón Carrillo, secretario de Pueblos y Comunidades Indígenas del Gobierno del Estado, para un encuentro en la Facultad de Derecho de la UACH, lo dice todo. De lo que trató la conferencia es lo de menos; políticamente resultó mucho más interesante volver a ver juntos a dos integrantes de aquella estructura juvenil que, cuando “Kike” la encabezaba, presumía organización suficiente para movilizar territorio y disputar el voto de los jóvenes que le dieron a César Duarte el 35% de si triunfo.
HERENCIA. Hoy Rascón tiene otra mira: el Distrito 8 federal que ocupa Alejandro Domínguez, y Edith, en cambio, tiene la suya mucho más cerca: la Sindicatura de Parral. Y el camino se le despejó bastante luego de que Dalila Villalobos ya había desgastado su relación con el PRI entre rebeldías y acercamientos nada clandestinos con Cruz Pérez Cuéllar, pero la visita de Chela Otriz a Parral terminó por apagar la última vela que pudiera quedarle para aspirar, siquiera, a repetir como síndica. Ahí Edith Dorado aparece como una opción mucho más natural para el tricolor: militancia, cargo vigente, experiencia territorial y cero negativos. No es casualidad que precisamente ahora vuelva a moverse con viejos compañeros de aquella escuela política. Aunque tampoco debe confundirse la presencia de Rascón con algún apoyo a Chava Calderón: Kike juega desde Chihuahua y para su propio proyecto, además de ser uno de los escasos priistas que ha sobrevivido durante todo el sexenio de Maru Campos en el primer nivel del gabinete estatal. La conexión es otra: los viejos jóvenes dejaron de ser jóvenes, pero no olvidaron cómo operar.
ESCUELA. Otro sobreviviente de aquella generación está todavía más cerca de Calderón: se trata del asesor jurídico del alcalde, Roberto Urbina, quien en algún momento aspiró a dirigir el PRI municipal, aunque nunca ha dicho que aquellas inquietudes políticas hayan desaparecido. Urbina pertenece también a esa generación que hacía política gastando suela en las colonias, armando estructuras, sentándose en las mesas electorales, cuidando votos el día de la jornada y representando al partido ante las autoridades electorales. Entonces resulta imposible pensar que es coincidencia la suma de Piwy, Avelina, Edith y Urbina en un gobierno que llegó, en alianza, sí, pero bajo las siglas principales del PAN, y más curioso es que los perfiles mencionados fueron formados en la vieja escuela priista, pero como ya lo dijimos párrafos antes, no representan una cuota priista.















