CALIBRE POLÍTICO | COLUMNA

ESTAMPIDA. En el PAN de Parral parece que ya no hay funcionarios, sino precandidatos cobrando como funcionarios. El registro interno terminó por confirmar lo que desde hace meses se percibía en los pasillos: buena parte del gabinete y de los cuadros panistas ya tienen la mirada puesta en 2027. Y llaman particularmente la atención personajes como Aarón Carrillo, sobrino de Nora Carrillo, presidenta del DIF y esposa del alcalde; Carlos Silva, el polémico director de Cultura; Carlos Valdez, coordinador regional del Servicio Estatal de Empleo; y el regidor Homero Armendáriz, quienes, como ya mencionamos en la pasada entrega, levantaron la mano por la Sindicatura. Súmele a Marco Rodarte, director del Instituto Municipal del Deporte, y a Jorge Cordero, secretario del Ayuntamiento, que quieren aparecer en la boleta, aunque ellos como regidores. Si faltaban pruebas de que la sucesión ya comenzó, ahí ‘tan.
BOTÍN. Lo verdaderamente revelador no es que haya muchos aspirantes, sino qué posiciones están buscando. La Sindicatura se convirtió en la joya de la corona; después vienen las regidurías y la diputación local por el Distrito 21. ¿Y la Presidencia Municipal? Curiosamente, nadie la quiere. Ahí el camino aparece despejado para Chava Calderón y su proyecto de reelección. Extraña vocación política la de un equipo donde abundan quienes quieren subir de puesto, pero ninguno parece dispuesto a disputarle la silla al jefe y por eso hacen de los demás cargos su botín a repartir.
BENDICIÓN. Calderón, lejos de meter orden o pedirle a su gabinete que primero termine el trabajo para el que fue contratado, respalda las aspiraciones bajo una explicación bastante cómoda: “son buenos funcionarios”, según le oyó decir nuestra fuente. Habrá que ver si ser buen funcionario automáticamente convierte a alguien en buen candidato. Y si la bendición del “jefazo” les alcanza.
VEINTIUNO. Donde la cosa se pone todavía mejor es en el Distrito 21. Martín Chaparro, director de Seguridad Pública Municipal, quiere la diputación. Pero tiene dentro del mismo universo panista a Amín Corral, quien ya fue candidato por Movimiento Ciudadano y terminó rompiendo estrepitosamente con el naranja después de que Francisco Sánchez le ganara en la mesa la disputa por la plurinominal; también aparece Daniel “El Cuate” García, titular del ICATECH, y hasta Arturo Rubalcaba, exdelegado de Desarrollo Humano y Bien Común y pareja del regidor Homero Armendáriz. Si todos llegan hasta el final, más que elección interna ¡necesitarán un árbitro!
NÚMEROS. Y aquí aparece Memo Ramírez. ¿Qué tiene que ver el priista? ¡Todo! Y es que el actual diputado y todavía presidente del Congreso podría pensar que la reelección es consecuencia natural del cargo, pero los números cuentan una historia menos cómoda. En 2024 ganó el Distrito 21 con 32 mil 616 votos producto de una coalición: 15 mil 310 llegaron del PRI, 12 mil 987 del PAN y 805 del PRD, además de las combinaciones correspondientes. Francisco Sánchez, en cambio, consiguió por sí solo 13 mil 678 votos únicamente bajo las siglas de Movimiento Ciudadano. Vanessa Terrazas obtuvo 18 mil 172 con Morena, PT y Verde. Traducido: si PRI y PAN hubieran ido separados, ninguno habría tenido los votos suficientes para superar a la candidata morenista, quien hoy despacharía desde el Congreso del Estado. Pero el hubiera no existe.
NEGOCIACIÓN. Por eso Memo no tiene asegurado todavía nada. Si PAN y PRI repiten alianza, habrá que ver si respetan el reparto de 2024 o si actualizan las posiciones conforme al peso electoral no que cada partido crea tener en 2027, sino lo que dicen los fríos y crueles números y las encuestas de preferencias. Y si Movimiento Ciudadano termina entrando a una eventual coalición opositora, habrá una silla más alrededor de la mesa y otro partido exigiendo pedazos del pastel. Ahí, los 13 mil 678 votos naranjas del geoestratega se convierten en moneda de negociación ¡y muy valiosa!
CONDICIONES. Chava tampoco ve con malos ojos reeditar la alianza con el PRI, pero ya puso condiciones: quiere “ajustes” en determinados perfiles. Evidentemente aparecen Dalila Villalobos y Vicencio Chávez después de su acercamiento con Cruz Pérez Cuéllar, aunque en realidad Calderón estaría pensando en una limpieza bastante más amplia de priistas que le han jugado las contras. Con Dalila y Vicencio ni siquiera tendría que desgastarse demasiado: después del desayuno con Cruz, ni Chela ni Alex están entusiasmados con volverlos a colocar en una boleta. La ironía será ver hasta dónde puede exigir Chava candidatos priistas a modo cuando necesitará precisamente los votos del PRI para sostener su propia reelección. Uno de ellos podría ser Raymundo Prieto que confirmó lo que se dijo en esta columna: también quiere algo y el alcalde lo ha sostenido en el cargo a pesar de todos los que han pretendido tumbarlo.
PURGA. Todos quieren la Sindicatura, la diputación local o una regiduría porque todos parecen asumir que Calderón será nuevamente candidato a presidente municipal. Pero para repartir posiciones primero hay que construir una alianza, y construirla significa ceder. Es decir, Chava podrá querer eliminar a los priistas incómodos, pero Alejandro Domínguez tiene su lista propia; Memo Ramírez defenderá su espacio y, si entra MC, seguramente llegará con calculadora propia. Las alianzas son muy bonitas mientras se habla de unidad, pero se les quita lo romántico cuando comienzan a repartirse las candidaturas y comienza la purga de aspirantes.
APUESTA. Del otro lado tampoco están esperando sentados. Nos contaron varios morenistas, incluso los identificados con Andrea Chávez que, si tuvieran que apostar hoy, pondrían sus fichas sobre Cruz Pérez Cuéllar. Dicen haber leído la señal desde los movimientos nacionales alrededor de Morena cuando llegaron Ariadna Montiel y Citlalli Hernández a la dirigencia nacional. Pero Cruz conoce demasiado bien la política como para confiar su futuro exclusivamente a una encuesta o a una decisión cupular. Podrá proclamar públicamente fidelidad al movimiento, pero lleva mucho tiempo colocando salvavidas alrededor del barco.
VERDE. Detengámonos a pensar en lo siguiente: Alejandro Pérez Escalante, sobrino de Cruz, asumió desde octubre de 2024 la dirigencia municipal del PVEM en Ciudad Juárez. Y Arturo Escobar, coordinador político nacional del Verde, elevó considerablemente la apuesta al advertir – aunque después reculó – que una coalición en Chihuahua estaría condicionada a postular a Pérez Cuéllar, bajo el argumento de que gobernar el estado requiere “capacidad probada y no experimentos”, refiriéndose, sin nombrarla, a Andrea.
ESTRATEGIA. Parral tampoco quedó fuera. Jorge Rabling, quien llegó a ejercer como alcalde suplente cuando César Peña solicitó licencia para buscar el Senado, rindió protesta recientemente como coordinador municipal del Verde. El movimiento lo coloca inevitablemente en la candidatura por la Presidencia Municipal. Y casualmente ocurre en una ciudad donde Cruz ha construido durante años una de sus estructuras políticas más importantes fuera de Juárez. Recordemos que las casualidades, cuando comienzan a repetirse demasiado, se convierten en estrategia.
PLAN-B. Cruz niega tener un Plan B. ¡Ni modo que dijera que sí! Reconocer públicamente una ruta alterna equivaldría a aceptar que contempla perder frente a Andrea Chávez antes de que Morena resuelva la candidatura. Pero una cosa es negar el plan y otra muy distinta no prepararlo. Un Verde fortalecido y alineado con Pérez Cuéllar podría convertirse en una formidable herramienta de presión. Y llegado el extremo de una ruptura, también sería un instrumento capaz de fragmentar votos en Juárez, Chihuahua y Parral, lo que no alcanzaría para convertir a Cruz en gobernador por otro partido, pero sí podría hacer perder a Morena sin él y sin su capital político que no le prestaría a la senadora con licencia.
CRUZ. Esa es precisamente la fuerza de una amenaza política: no hace falta ganar para provocar que otro pierda. Morena sabe cuánto pesa Juárez; sabe la estructura que Pérez Cuéllar ha construido y sabe que una fractura acompañada por el Verde podría alterar alcaldías, diputaciones y gubernatura. Cruz no necesita anunciar un plan B. Le basta con que quienes tomarán la decisión sepan que tiene con qué construirlo.
RABLING. Falta saber cuánto conoce Jorge Rabling de este tablero del que ya es pieza. ¿Por qué? Porque si Cruz termina siendo candidato de Morena-Verde-PT, el escenario parralense podría cambiar radicalmente. Ahí el candidato natural del proyecto cruzista volvería a ser Otto Valles, sí otra vez, por ser su principal operador en la región sur está aferrado a gobernar la capital del mundo, aunque los parralenses ya le dijeron que no en dos ocasiones, una de ellas para diputado federal. Rabling podría pasar entonces de eventual candidato a presidente a dirigente encargado de entregar el Verde a una candidatura encabezada por otro. Así de cruel es la política, por eso dicen que no todos tienen el estómago para tragar sapos sin hacer gestos. Bueno, la analogía es con otra palabra.










