CALIBRE POLÍTICO | COLUMNA

SOBERBIA. Lo que comenzó con el Séptimo Informe Trimestral de la Sindicatura terminó exhibiendo, una vez más, el enorme déficit de operación política del Gobierno Municipal. En menos de una semana, la administración de Salvador Calderón logró convertir la entrega de una unidad de Bomberos en otro frente de confrontación. Bastó excluir del protocolo a la síndica Dalila Villalobos e incluir, en cambio, a su suplente para regalarle un nuevo argumento político.
TORPEZA. Lo preocupante es que nadie alrededor del alcalde advirtió el costo político de un gesto tan innecesario y tan torpe. Y es que apenas un día antes, Dalila Villalobos había presentado 20 observaciones a la administración municipal. Lo inteligente habría sido bajar la temperatura, ¡no echarle gasolina! Pero alguien decidió que era buena idea ningunear a la síndica, y el resultado fue que la bombera quedó en segundo plano. ¿Así o más claro cómo una mala asesoría termina fabricando problemas donde no los había?
CONFRONTACIÓN. La confrontación nació desde mayo, cuando Dalila Villalobos propuso la regularización y rotulación de diversas unidades de Seguridad Pública: Cabildo aprobó exhortos y Martín Chaparro respondió semanas después que algunos vehículos cumplían funciones administrativas, de supervisión o apoyo operativo y, por tanto, no requerían balizamiento ni torretas. Y ahí quedó el debate: una diferencia de interpretación técnica y administrativa.
TRAGEDIA. Todo cambió con la muerte de un detenido que rompió las esposas y se arrojó de una patrulla en movimiento cuando era trasladado a la comandancia. El solo relato provoca preguntarse ¿Cómo puede un detenido liberarse de los candados de mano? ¿Se aplicaron correctamente los protocolos de aseguramiento? ¿Era el número adecuado de oficiales? ¿Existía vigilancia permanente sobre el detenido durante el traslado?
OPORTUNISMO. ¡Y ahí fue donde la síndica decidió llevar nuevamente el debate al terreno político! “Las omisiones del Gobierno costaron una vida”, dijo y vinculó el hecho con sus exhortos sobre el balizamiento de unidades. Pero, a ver, la patrulla involucrada en este caso sí estaba plenamente rotulada e identificada como unidad oficial, así que resulta difícil sostener que el problema haya sido precisamente la falta de identificación visual. La discusión entonces cambia: no es el color de la patrulla, sino la actuación de quienes iban dentro de ella.
CAPACITACIÓN. El verdadero escándalo no debería ser si una camioneta tenía o no franjas, torretas, letras o números, sino que un detenido lograra zafarse de las esposas y abandonar una unidad policial en movimiento. ¿Y la capacitación de los elementos, el cumplimiento de los protocolos de traslado, la supervisión operativa y las responsabilidades administrativas o penales que pudieran derivarse? ¡Ahí está el fondo del asunto! Y esto no tiene que ver con la síndica.
LENGUA. Al final, todos terminaron perdiendo. El Gobierno Municipal por convertir diferencias políticas en agravios institucionales perfectamente evitables. La síndica por el oportunismo de utilizar una tragedia para reforzar su narrativa, y la ciudadanía, porque mientras unos discuten quién tenía razón, sigue esperando respuestas mucho más importantes: cómo murió un detenido bajo custodia policial, quién falló, qué protocolos no se cumplieron y, sobre todo, qué se hará para impedir que vuelva a suceder. Ese sí es el debate que Parral merece y no andarse sacando la lengua entre Chava y Dalila.
RECICLAJE. Las recientes turbulencias dentro del PRI de Parral están derivando en la consecuencia de quedarse sin opciones propias para competir. La salida cantada de Dalila Villalobos y de Vicencio Chávez tras su acercamiento con Cruz Pérez Cuéllar, lleva al tricolor a pensar en el reciclaje. Entre los nombres que empiezan a sonar aparece Paulina Duarte, actual secretaria general del Comité Municipal y suplente de la Sindicatura. Nadie cuestiona su militancia. El problema es que ya fue candidata a síndica en 2018 y perdió la elección frente a José Ildefonso Caro. ¿Apostar nuevamente por un perfil que ya fue sometido al veredicto de las urnas y no logró conectar con el electorado es la estrategia de renovación? ¿En serio? Más bien da la impresión de que el PRI vuelve a echar mano de los mismos nombres porque simplemente no encuentra otros o no quiere encontrarlos, porque fuera de su círculo tan cerrado hay más.
ESCASEZ. El panorama se complica todavía más si prospera la alianza con el PAN que ya tiene, al menos, cinco perfiles moviéndose por la Sindicatura: Carlos Silva, Homero Armendáriz, Adán Ríos, Carlos Valdez y hasta Aarón Carrillo, mientras el PRI parece discutir si rescata una candidatura de hace seis años o si reorganiza las piezas después del terremoto interno que provocó el desayuno con Pérez Cuéllar. La diferencia es evidente: Acción Nacional tiene de sobra y en el PRI padecen escasez por la cerrazón de quienes lo manejan.
NATURAL. Dentro del tricolor existe un nombre que, por presencia en Cabildo, parecería surgir de manera más natural. Se trata de la regidora Edith Dorado. Habrá quien coincida o no con sus posiciones, pero políticamente luce más vigente que una excandidata derrotada. Y el no haber sido probada en las urnas, en estos tiempos de cartuchos quemados, es más una ventaja. También podrían considerar a Raymundo Prieto que siempre ha tenido corazón de candidato, aunque su exposición es mayor a la de la regidora Dorado por encabezar Protección Civil, es más propenso al escrutinio y, por ende, al ataque.
SEÑAL. Si el PRI termina postulando perfiles reciclados porque perdió a quienes figuraban como cartas fuertes, léase Dalila y Vicencio por las razones que sean, la señal será preocupante: más que seleccionar al mejor candidato, estará administrando los daños de su propia crisis interna. Y eso suele ser el primer síntoma de un partido que dejó de planear el futuro para comenzar, simplemente, a sobrevivir.
PERFIL. A propósito de los nombres que comienzan a mencionarse para la Sindicatura por el PAN, el director de Cultura, Carlos Silva, tiene todo el derecho de desarrollar su faceta artística y presentarse en ferias, festivales o eventos privados. El problema empieza cuando la imagen pública del posible aspirante termina asociándose más con el escenario que con la responsabilidad administrativa que hoy desempeña.
PERCEPCIÓN. Siendo sinceros, a Charly no se le recuerda por una política cultural innovadora ni por un proyecto que haya transformado la vida artística de Parral, sino por la motocicleta que terminó ganándose en la polémica rifa de las Jornadas Villistas del año pasado. Y ahora que él mismo promociona su presentación en la feria de Jiménez, es imposible preguntarse si es ese es el perfil de seriedad, imparcialidad y peso institucional que requiere quien aspira a la responsabilidad de vigilar el correcto ejercicio del gasto público municipal.
CONTRASTE. La Sindicatura no es una dirección de promoción cultural ni un cargo de representación social. Es la posición más incómoda dentro de un Ayuntamiento, porque exige independencia, capacidad técnica y autoridad moral para revisar contratos, licitaciones, compras y cuentas públicas, incluso cuando ello implique señalar irregularidades del propio gobierno que ayudó a llegar al poder, lo que convirtió a Dalila en la enemiga pública número uno de Presidencia, del PAN y del PRI. Por eso la candidatura no debería construirse sobre niveles de popularidad o reconocimiento público -que tampoco es que Silva los tenga-, sino sobre credibilidad.
BACHES. Ahora resulta que el programa de bacheo de Obras Públicas es “permanente” y el Ayuntamiento presume una larga lista de calles atendidas, pero basta recorrer varias de ellas para descubrir que, en muchos casos, el trabajo fue apenas testimonial: unos cuantos metros intervenidos para la fotografía y el resto de la vialidad exactamente igual.
PARCHES. Para muestra, un botón: la calle Plan de Ayala, en el sector conocido como El Presón, una de las zonas más castigadas por las lluvias, aparece como “atendida” cuando únicamente se reparó un pequeño tramo y el resto continúa lleno de baches, hundimientos y deterioro. ¡Y eso sin contar que los propios vecinos comienzan a cuestionar la calidad de los parches, pues algunos ya presentan desgaste apenas días después de haber sido colocados!










