CALIBRE POLÍTICO

CORTESÍAS. Hay políticos que reparten despensas. Otros organizan brigadas médicas. Algunos entregan tinacos, cemento o lentes. Y luego está la nueva modalidad: regalar boletos para ver a Kevin AMF, como el caso de Pedro Villalobos, quien volvió a colocarse en el reflector con una dinámica que prometió repartir mil cortesías para un concierto en el Foro Villista, aunque con la rara excusa de celebrar el triunfo de la Selección Mexicana. El fondo parece bastante más interesante que la forma.
CANDIDATURA. Prácticamente una década buscando una candidatura y decide invertir tiempo, recursos y estructura en convocar jóvenes mediante boletos gratuitos, por lo que resulta inevitable preguntarse si estamos ante un gesto de generosidad o ante una campaña que todavía no tiene nombre oficial, o sí, porque nunca ha ocultado su interés de aparecer en las boletas… cada tres años.
TRAYECTORIA. Villalobos, se quiera aceptar o no, es un caso peculiar dentro de la política parralense. Ha sido diputado local y presidente del Congreso del Estado, dirigente del PRI municipal, operador electoral, coordinador de campañas, asesor, aliado circunstancial de distintos proyectos y, sobre todo, aspirante permanente. Ha trabajado con priistas, panistas, candidatos ciudadanos y hasta de Morena. Basta recordar que ha respaldado proyectos tan distintos como los de Graciela Ortiz, Salvador Calderón y Otto Valles, y hoy forma parte del grupo que impulsa a Gilberto Loya rumbo a la sucesión estatal.
Lo único que ha permanecido constante durante todos esos años es su interés por mantenerse vigente en el tablero político.
BLOF. Nadie regala mil boletos sin esperar nada a cambio, y como la memoria del electorado suele ser corta, la repetición ayuda. Hoy es un boleto. Mañana una gestión. Pasado mañana una invitación. Y cuando llega la elección, muchos ya sienten que conocen al personaje. El problema para Pedro Villalobos sigue siendo el mismo de siempre: la visibilidad no necesariamente se traduce en candidatura. ¡Y menos cuando es más el blof! Lleva años construyendo presencia pública y, aun así, la alcaldía continúa siendo una puerta que se abre para otros. Primero desde el PRI, después desde proyectos alternos: el PES y el Verde y hasta Morena. Ahora desde espacios cercanos al PAN. Los reflectores ayudan, pero no siempre alcanzan.
EXPULSIÓN. Resulta que después del ya famoso episodio en el que Vicencio Chávez terminó corriendo de la oficina de regidores a sus propias compañeras de bancada, la historia no terminó ahí. Nos cuentan que el (des)coordinador les advirtió que podría promover expulsiones por ventilar los conflictos internos y cuestionar sus decisiones. Como si el problema hubiera sido que se supiera el pleito y no el pleito mismo.
PADRINO. Lo más interesante es que, según las versiones que circulan dentro del propio tricolor, Vicencio presume contar con el respaldo absoluto de la dirigencia estatal encabezada por Alejandro Domínguez. Traducido al español: “no me pueden tocar porque tengo padrino”. Habrá que ver si Alex comparte esa interpretación o si simplemente alguien se emocionó demasiado con las confianzas.
CONTRADICCIÓN. Mientras Chávez Lazcano habla de sanciones, Domínguez habla de unidad. Mientras el regidor unos amenaza con expulsiones, el diputado federal promueve la reconciliación y vende apertura y participación ciudadana con sus famosos “Defensores de Chihuahua”, aunque en Parral,.la conversación interna giran más alrededor de quién tiene derecho a permanecer dentro del partido, a consideración de Vicencio, ¡ya ni siquiera de Julio Yáñez!
ASPIRACIÓN. Pero quizá el dato más revelador es otro: el mismo Vicencio soltó el buscapies de que ya amarró la candidatura del PRI a la alcaldía de Parral si la alianza con el PAN no prospera. ¡Palabras mayores! Sobre todo porque no se trata de una regiduría, ni de la Sindicatura, sino de la posición más importante que tendría el partido en el municipio y aquí es donde las cuentas no cuadran. Hace apenas unos meses el discurso oficial de Alex era cerrar filas con la eventual reelección de Salvador Calderón dentro de una alianza opositora. Entonces, ¿ya cambió el plan o simplemente algunos comenzaron a repartirse candidaturas antes de tiempo?
MEMO. Más incómoda todavía resulta otra pregunta: ¿Dónde queda Guillermo Ramírez en toda esta ecuación? Porque si hay un priista con estructura, presencia pública, cargo relevante y posicionamiento electoral en Parral, es precisamente Memo: ¡Es el presidente del Congreso del Estado! Y para nadie es oculto que ve con buenos ojos la alcaldía. Por eso llama la atención que mientras unos trabajan para construir posicionamiento público, otros ya anden contando candidaturas como si fueran patrimonio personal y a punta de pleitos y gritos con sus compañeras.
DESGASTE. El problema para el PRI es que toda esta discusión ocurre en el peor momento posible. Con una militancia disminuida, una estructura cada vez más reducida y una evidente falta de cohesión interna. Deberían estar preocupados por recuperar terreno frente a Morena, MC -que viene pujando fuerte no queriendo, no queriendo- y por qué no, frente al mismo PAN, y terminan ocupados en pleitos de oficina, amenazas de expulsión y especulaciones sobre candidaturas.
RECLUTAMIENTO. Entre los muchos movimientos que dejó la reciente visita de Cruz Pérez Cuéllar a Parral, uno llamó particularmente la atención. Supimos de buena fuente que emisarios del alcalde juarense buscaron a la síndica Dalila Villalobos para invitarla a sumarse al proyecto que impulsa la aspiración del fronterizo rumbo a la gubernatura. Nada extraño hasta ahí. Cruz anda sumando perfiles por todo el estado y de todos los colores. Ya les platicamos en la pasada entrega el caso Miguel Jurado-César Peña.
CONDICIÓN. Lo interesante fue la respuesta de Dalila: un sí, pero con una condición específica: sumarse al proyecto con la garantía de que ella sería la candidata de Morena a la Presidencia Municipal de Parral. Y ahí fue donde la puerca torció el rabo, ya que una cosa es incorporar aliados y otra muy distinta entregar candidaturas anticipadamente. Ya lo dijo Cruz: “sin ’26 no hay ’27”. Dicho de otra manera: los enviados fueron a reclutar una aliada, no a firmar una candidatura, por lo que el acercamiento terminó pareciéndose a una entrevista de trabajo cuando el aspirante pide más de lo que la empresa está dispuesta a ofrecer: “nosotros le hablamos”.
CRÉDITO. Algo curioso está ocurriendo en materia de seguridad en Parral. Cuando hay una detención relevante o algo que presumir, quienes localizan, ubican, intervienen o apoyan decisivamente, son los elementos de Seguridad Pública Municipal. Pero no se confunda, amigo lector. No se trata de regalar medallas ni de convertir a la DSPM en ejemplo. ¡Está lejos de serlo y tiene suficientes problemas propios como para eso! Pero tampoco deja de llamar la atención que, en varias capturas recientes, aparezcan patrulleros municipales acompañando a la Agencia Estatal de Investigación y que, al momento de repartir los créditos, la balanza siempre termine inclinándose hacia el mismo lado: el de la Fiscalía de Distrito Zona Sur.
COMPETENCIA. Hace tiempo se escribió aquí sobre la absurda carrera entre corporaciones por ganar el comunicado antes que el delincuente. Cada quien quiere la fotografía, el encabezado y el aplauso institucional. Lo preocupante es que esa competencia sigue existiendo mientras los ciudadanos continúan esperando resultados más visibles frente a la violencia que golpea la región.
EJEMPLO. Tampoco es que pueda decirse que Seguridad Pública sea un ejemplo de comunicación institucional, porque si algo caracteriza sus boletines es la capacidad casi artística de escribir mucho y decir muy poco. Son textos llenos de palabras, reconocimientos, compromisos, profesionalismo, coordinación y vocación de servicio, pero información útil muy poca, por no decir nula en la mayoría de los casos.
MISTERIO. Ahí está el caso del incendio atendido por el GERI. El comunicado ocupa varios párrafos para destacar el valor de los elementos, pero jamás explica dónde ocurrió el siniestro. Ni colonia. Ni calle. Ni sector. ¡Nada! El lector termina enterándose de que hubo héroes, pero no de dónde estuvo la emergencia. Lo mismo ocurre con muchas detenciones. Informan que arrestaron a una persona por violencia familiar, pero omiten contra quién. Que cumplimentaron una orden por robo agravado, pero no explican qué fue lo robado. Que detuvieron a alguien por narcomenudeo, pero no indican dónde operaba. Que colaboraron en una captura, pero no cuentan cómo ocurrió. Es llenar espacio por llenar y más aún, para ganárselo a Fiscalía que, hay que reconocerles: aunque son más tardados, vienen muy completos, excepto el crédito a la gente de Martín Chaparro.
CONTRASTE. Pero, como diría Don Ramón cuando Quico y El Chavo del 8 discutían: ¡ni a cual irle! Ahí están los desaparecidos que no estaban desaparecidos. Los desaparecidos encontrados ejecutados. Los informes forenses cuestionados y hasta desmentidos por las familias. Y algo adicional -como si faltara- es que nunca hay detenidos cuando “encuentran” vehículos con reporte de robo. Siempre están abandonados y aparecen mágicamente ante los ojos de los agentes en brechas o calles e, incluso, ante corralones de grúas donde las mismas autoridades los depositaron por algún percance vial.
PERCEPCIÓN. La discusión ya no es quién sale primero en el boletín. El problema es que ninguna corporación parece entender que la confianza pública se construye con información clara y resultados verificables y que a los ciudadanos no les interesa cuál corporación ganó la carrera del comunicado, sino por qué siguen desapareciendo personas, quién las está encontrando, quién las está deteniendo y por qué cada vez cuesta más trabajo creer lo que dicen las autoridades. Y esa respuesta, hasta ahora, sigue sin aparecer en ningún boletín.
TESORERO. Antes de terminar esta enrega, un dato morboso: el tesorero “Pepe” Molina podría ser la próxima baja en el gabinete de Salvador Calderón. Quienes conocen de cerca la operación financiera aseguran que el funcionario lleva meses haciendo auténticos malabares para que las cuentas cuadren, enfrentando compromisos crecientes, recursos limitados y una presión presupuestal que no termina de aflojar.
AGOTAMIENTO. Nos dicen que más allá de diferencias políticas o conflictos internos con el alcalde, el desgaste tendría una explicación mucho más simple: el cansancio de estirar cada peso, de apagar incendios financieros y de cargar con la responsabilidad de decir constantemente que no hay recursos suficientes para todo lo que se quiere hacer. Al tiempo.










