CALIBRE POLITICO | COLUMNA

DESAIRE.- ¡Ya se sabe el origen de la repentina furia fiscalizadora de la síndica Dalila Villalobos contra Chava Calderón! No es que sus observaciones sobre la administración de sean falsas —porque, de hecho, todas encuentran eco en la realidad—, sino que el estallido emocional tiene una raíz menos institucional y más humana: el día de la inauguración del Parque Reforma, Dalila no fue invitada al presídium. Y ese desaire, políticamente, duele más que cualquier desencuentro administrativo.
RELEGADA.- Porque mientras Presidencia, GoGold y Coanzamex presumían la entrega del parque para beneficio de 1,500 habitantes, en la mesa principal aparecían el diputado Memo Ramírez y el exalcalde Óscar González Luna, ambos con méritos: uno por haber comprado la mina en su gestión y el otro por destrabar las negociaciones que no alcanzó a resolver González Luna por el cierre del trienio. Pero Dalila, a pesar de ser contrapeso institucional y figura obligada del balance público, quedó relegada al público. Ni saludo ni silla. Nada.
FLAUTAS.- El enojo no fue menor: no estar en el presídium cuando la foto es buena, cuando la obra es visible y cuando los reflectores valen, es un golpe político profundo. Tanto, que cuentan que la síndica abandonó el evento antes de que terminara. No por casualidad, le subió dos o tres rayitas al tono crítico contra la Presidencia. ¿Motivos legítimos? Sí. ¿Momento oportuno? También. ¿Casualidad entre enojo y fiscalización? Difícil de creer.
CONTRASTE.- Lo curioso es que ese tono elevado no permea hacia adentro de su oficina. Y es que resulta que, muy cerca de la refaccionaria propiedad del alcalde, existe un pequeño negocio de comida propiedad de Judith Sáenz, trabajadora de Sindicatura. Hasta ahí, nada anormal y mera casualidad de cercanía. Pero lo que sí levanta cejas es que, de manera frecuente, se le ve trasladando la materia prima para su negocio en un vehículo oficial: y como a la síndica le gustan los datos duros, le detallamos que es el Ford Focus blanco con número económico SIND-01. Y esa ya no es coincidencia, ¡es uso de recursos públicos para fines privados!
INCONGRUENCIA.- La pregunta cae sola: si Dalila se ha plantado como la gran vigilante del uso de recursos, ¿sabrá de esta práctica? Y si lo sabe, ¿actuará? ¿O el ímpetu fiscalizador solo aplica cuando el agravio se siente en el ego y no en el presupuesto? Al menos, sería sano esperar que este asunto apareciera en su próximo informe… aunque quizá no dé las mismas fotos ni los mismos aplausos que el presídium que la dejó fuera.
ENCAPILLADO.- El que ya siente que le respiran en la nuca es Lalo Valdez, director de Servicios Públicos Municipales, a quien desde el propio despacho de la Presidencia le pusieron la veladora del “a ver si compones”, no por gusto, sino por el cúmulo de quejas que lleva arrastrando: maltratos, ausencias, reportes ignorados y un caos administrativo que ya hizo cortocircuito dentro y fuera.
RENUNCIA.- La renuncia del subdirector fue la prueba más clara de que ahí dentro las cosas no marchan ¡ni aunque las empujen! Pero resulta que desde la oficina del alcalde tuvieron que regresarlo, casi casi rogarle para que volviera porque si se va él, ¿quién hace la chamba?”. Una joya: el titular no funciona, pero el que sí trabaja tiene prohibido irse. Manual básico del desgobierno moderno.
PENUMBRAS.- Ejemplos sobran, pero el del Periférico Sur es de antología. El tramo que va de la maquila Aptiv al nuevo acceso a la Miguel Hidalgo lleva semanas como boca de lobo, sin una sola lámpara que alivie la penumbra. Servicios Públicos, claro, prometió revisar. Y hasta ahí se quedó: en la promesa. La vialidad sigue igual: a ciegas, peligrosa y olvidada.
ALARMANTE.- Y qué decir de los vecinos de la colonia El Quijote, donde también llevan semanas rogando que reparen las luminarias. Porque entre que oscurece temprano y el camión deja a estudiantes después de las siete, el miedo ya se volvió rutina. La gente teme por su integridad, mientras Servicios Públicos sigue cruzado de brazos… o lo que es peor: pretendiendo que no es su problema.
INNEGABLE.- El enojo ya no es sólo ciudadano, también político. Los regidores han recibido quejas por montones y Lalo ya ni intentan justificar lo injustificable convirtiéndose en el punto más débil del gabinete municipal. Y aun así ahí sigue, aferrado a la silla como si fuera honor y no pura omisión lo que lo mantiene.
INEVITABLE. Así que sí: Lalo está “en capilla”. Pero no por una conspiración ni por una jugada interna, sino por la suma de un desastre sostenido. Un director que no dirige, un equipo que opera pese a él y una ciudad que se queda a oscuras mientras Servicios Públicos hace como que parpadea. ¿Será que lo sostendrán por lealtad, por comodidad o por simple miedo a descubrir que incluso un relevo improvisado trabajaría mejor?
RIDÍCULO.- ¡Ni la burla perdonan! Después de la muy anunciada Mesa de Seguridad en Parral —esa donde desfilaron generales, secretarios y media caballería pesada—, el gran resultado del megaoperativo interinstitucional fue la detención de un solitario individuo con once bolsitas de cristal. ¡¡Once!!
EFECTIVIDAD.- Ni once kilos, ni once compradores, ni once involucrados: ¡once envoltorios! Entre militares, estatales, municipales y Guardia Nacional, parecía que iban por “El Señor de los Cielos”, pero no: era José Noel, caminando por la Lerdo con mala suerte y una actitud “sospechosa”. De ese tamaño la efectividad.
DESPROPORCIÓN.- Uno esperaría que, después de la violencia del fin de semana, de los convoyes “blindando” Parral para la foto, y de la llegada de la gobernadora con toda la plana mayor, nos anunciaran algo más sustancioso que un narcomenudista de bolsillo. Si eso es “combatir la delincuencia organizada”, quizá el próximo operativo de 300 elementos sea para decomisar una cajetilla de cigarros sueltos.
JÁUREGUI.- Pero lo que realmente subyace es que estos shows —porque no se les puede llamar de otra manera— sirven más para posicionar perfiles que para proteger ciudadanos. No es casualidad que César Jáuregui, fiscal general, suene cada vez más fuerte como aspirante a la alcaldía de Chihuahua capital. Y claro, nada vende más seguridad electoral que un operativo espectacular donde, aunque no haya resultados reales, haya muchas fotos, muchos uniformes y mucha narrativa.LOYA.- Y tampoco es casual que Gilberto Loya, secretario de Seguridad Pública del Estado, parezca estar practicando el tono, la postura y las frases que alguien necesitaría si aspirara a ser alcalde de Juárez ¿o, por qué no? ¡Hasta gobernador! Ajá. Claro.
CALIBRE.- El detalle es que, si este es el calibre de resultados que presume, más de uno podría preguntarse si realmente quiere gobernar una ciudad o solo quiere gobernar el discurso porque, a final de cuentas, Parral vivió el blindaje exprés que siempre llega cuando aterriza la élite de seguridad: patrullas en cada esquina, retenes, convoyes, helicópteros y eso sí: el parte oficial presume la captura “firme” del presunto responsable… de once bolsitas.
DESBORDADA. Si este es el tamaño del éxito que quieren vender, quizá no tardemos en ver otro boletín celebrando que entre cinco corporaciones y cuarenta agentes lograron neutralizar a un infractor que cruzó en amarillo. Total, cuando la prioridad es construir plataformas políticas y no estrategias de seguridad, cualquier detenidito sirve. Aunque sea uno solo. Aunque sea por once envoltorios. Aunque la realidad, esa sí, es que la inseguridad sigue desbordada.










