CALIBRE POLÍTICO | COLUMNA

AGUA. – El recurso más vital para cualquier ciudad es, paradójicamente, el que más conflictos arrastra en Parral. El caso del Fraccionamiento La Cantera es un ejemplo claro de cómo una obra realizada hace un año y que debía solucionar un problema de años, terminó por agravarlo: fuga de agua en el punto de intervención, vecinos durante días sin servicio y accesos obstruidos sin previo aviso. Todo bajo la bandera de que se trataba de un beneficio para los propios afectados.
DESCONEXIÓN. – La JMAS asegura que La Cantera debía contar con agua todos los días, ya que ni siquiera está incluida en el programa de tandeo. Sin embargo, los habitantes llevan años reportando la falta del vital líquido, con respuestas absurdas de que “no existe ningún problema” en el sector. Más grave aún es la versión de los propios trabajadores de la Junta de que la válvula es manipulada desde Haciendas del Parque para privilegiar la presión de agua allá, en detrimento de los vecinos de La Cantera. ¿Una negligencia o un secreto a voces?
CALLES. – Como si no bastara con el desabasto, la JMAS carga también con la mala reputación de sus obras. Ahí está la reparación del drenaje en la calle Churubusco, que ha costado casi medio millón de pesos y que dejó zanjas abiertas que derivaron en un accidente vehicular por falta de señalización. El colmo: la propia dependencia reconoce que no tiene los recursos para cubrir los 400 metros cuadrados de asfalto necesarios, porque la parte del material corresponde al municipio y la colocación, a la JMAS. Entre ambos se reparten la responsabilidad y la calle sigue en condiciones deplorables.
DIRECCIÓN. – Mientras tanto, al interior del organismo el clima es de descontrol. Personal sindicalizado que solo checa entrada y salida, trabajadores que retan la autoridad, y un director ejecutivo, Arturo Gaytán, más preocupado por no enemistarse con el sindicato que por dar resultados a la ciudadanía. Se le acusa de guardar un silencio cómplice que lo mantiene cómodo en el cargo, aunque el organismo se hunda en el descrédito.
REALIDAD. – La JMAS no solo enfrenta un problema técnico, sino de confianza ciudadana. El agua escasea en los hogares, las obras dejan más molestias que soluciones y la autoridad parece dedicada a administrar el conflicto en lugar de resolverlo. La pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo soportarán los parralenses un organismo que, en lugar de garantizarles agua, les entrega excusas, fugas y zanjas abiertas?
HORARIO. – En la Presidencia Municipal de Parral trascendió una decisión peculiar: el horario laboral de confianza será modificado a partir de hoy 11 de septiembre, una orden que se hizo llegar a través de un oficio firmado por el oficial Mayor, Martín Flores. La instrucción sorprendió porque no provino del alcalde de manera pública y tampoco se explicó la razón de fondo, lo que deja abierta la pregunta sobre quién decidió realmente este ajuste administrativo.
OFICIO. – El documento fue dirigido a directores, titulares y coordinadores, y cita como fundamento el artículo 89 del Código Administrativo del Estado de Chihuahua. El problema es que dicho artículo nada tiene que ver con horarios de oficina: se refiere a la definición de jornada mixta y sus límites horarios, por lo que la justificación legal utilizada no corresponde al cambio anunciado. Una falla que exhibe descuido o, peor aún, desconocimiento.
ARGUMENTOS. – En los pasillos circula la versión de que la medida surgió como respuesta a la percepción de que “la gente no estaba trabajando”. Si ese fuera el diagnóstico, la “solución” luce todavía más cuestionable: incrementar la jornada laboral bajo la ilusión de que con más horas habrá mayor productividad es difícil de sostener.
FACULTADES. – Más allá de la especulación sobre el origen de la instrucción, lo que sí es evidente es que la medida no está debidamente fundamentada en la norma. Y ahí radica el verdadero problema: no se puede experimentar con horarios ni improvisar con argumentos legales que no aplican, porque lo que está en juego es la formalidad de la administración pública y la certeza para los trabajadores.
REALIDAD. – Si existen empleados que no cumplen con su jornada, la salida no es aumentar el horario a todos, sino aplicar evaluaciones, correctivos y sanciones a quienes corresponda. Una administración que presume orden y transparencia debería atender la raíz del problema, no cubrirla con medidas que parecen más ocurrencia que política pública.
CUESTIONAMIENTO. – Al final, lo que se asoma tras este cambio es una duda inevitable: ¿quién manda en Parral? Porque más allá del horario, lo que se pone en tela de juicio es la manera en que se toman las decisiones y la seriedad institucional de un gobierno que no puede darse el lujo de improvisar.
PRI. – El Comité Directivo Municipal del PRI en Parral atraviesa una de sus etapas más grises bajo la batuta de Julio Yáñez. El dirigente local se encuentra disminuido en influencia, sin poder real sobre quienes ostentan cargos y, lo más evidente, sin capacidad de convocatoria. Nadie atiende sus llamados y, en consecuencia, la estructura tricolor opera como un cascarón vacío.
CUOTAS. – El dato más revelador está en las aportaciones económicas: de los cinco regidores priistas, solamente dos han cumplido con el pago de las cuotas partidistas. Se trata de Loreto Arzola, coordinador de la bancada edilicia en Cabildo, y de Micaela Guerrero. El resto, simplemente ignora a la dirigencia municipal, lo cual refleja no un acto de rebeldía contra el PRI, sino el desdén hacia un liderazgo sin peso ni rumbo.
DESEMPEÑO. – El caso de Micaela Guerrero, quien sí cumple con la cuota, tampoco es alentador. Su labor como regidora apenas alcanza un exhorto al Congreso del Estado en todo el primer año, documento que, para colmo, ni siquiera trascendió. El cumplimiento administrativo no se traduce en trabajo político efectivo, y mucho menos en una agenda que proyecte al partido en el Cabildo.
RESPALDO. – La ausencia de apoyo no se limita al Ayuntamiento. Julio Yáñez carece también de respaldo entre los legisladores priistas, no porque estos hayan decidido deslindarse del partido, sino porque la dirigencia municipal no ha sabido liderar, articular ni gestionar. El vacío se nota, y con él, la irrelevancia del PRI en el escenario local.
REALIDAD. – El tricolor, que en Parral llegó a ser un actor central en la política municipal, hoy sobrevive en la inercia, con un comité que no manda, regidores que trabajan a medias o para sus intereses, una síndica que ha caído en rebeldía manifiesta, y una militancia que ya no encuentra motivos para seguir las instrucciones de su presidente. La fractura no es ideológica ni estratégica: es, simplemente, la consecuencia de un liderazgo inoperante.
CUESTIONAMIENTO. – ¿Qué puede esperar el PRI en Parral con un dirigente que no convoca ni dirige? La pregunta no busca respuesta inmediata, pero sí deja en claro que mientras Julio Yáñez permanezca en el cargo, el partido seguirá ausente de la conversación política real de la ciudad. Quienes se quejaban de los tiempos de Rafael Álvarez y, recientemente, de Avril Carmona, han llegado a cuchichear que estaban mejor cuando estaban peor.










